Por Isabel del Pilar López, desde la base militar de Pichari.
Teresa recién ha comenzado a comprenderlo todo.
La instruyeron a que si en algún momento los militares incursionaban en el lugar, escapara con todas sus fuerzas y evitara que la atraparan, porque si eso ocurría, le sacarían toda la información y luego la eliminarían. Por eso, cuando llegó ese momento, no se movió. Los militares la detuvieron junto a una pareja de ancianos, otra joven con problemas mentales y un niño de tres años. Era su hijo.
Teresa había sido detenida como parte de la “Operación Gurka”, diseñada para apresar a los jefes de Sendero Luminoso en el valle de los ríos Apurimac y Ene (Vrae). En esa zona inhóspita el veterano senderista Víctor Quispe Palomino , de 51 años, se resiste a abandonar la lucha armada que inició su organización en 1980 y concluyó en 1992, pero que él ha retomado con su propio “ejército”.
Teresa conoce las entrañas de la agrupación de Quispe, la lógica de su perverso sistema de funcionamiento, porque ella fue una pieza más. La usaron como una tuera de una máquina inventada por alguien que pretende crear una sociedad basada en una forma de esclavitud.
Los oficiales del Ejército quedaron sorprendidos con la historia de Teresa, secuestrada desde niña en un campamento senderista y obligada a procrear los hijos de los líderes para que en el futuro tomen la posta y continúen con la guerra. Eso sucede con el propio Víctor Quispe. Es hijo de un dirigente senderista muerto en combate. A su vez, el cabecilla terrorista cuando nació su hijo mayor lo crió en un campamento y lo formó como senderista militarizado, hasta que escapó solo hace unos meses.
Teresa (a la derecha) y otra mujer rescatada por el Ejército.
Un efectivo carga a su niño de tres años. Ella lleva puesto el uniforme senderista.
“No recuerdo cuándo me llevaron al campamento. No sé. Yo era solo chiquita, muy chiquita. Cargada me llevaron”, dijo.
De acuerdo con fuentes del Comando Especial del Vrae, que se encarga de las operaciones militares contra Sendero Luminoso, Teresa vivía con su familia en Puerto Ocopa, en Satipo, región Junín. Con engaños la condujeron a una “base” terrorista donde los niños son adoctrinados y adiestrados militarmente. Pero como niña, a ella le dieron otra función: reproducir más niños destinados a ser formados como terroristas. A Teresa la encontraron en un poblado conocido como Carhuamayo, en las alturas de Junín, área aledaña de acceso al Vrae.
“No recuerdo cuándo fue pero en una reunión de los jefes de la organización uno le dijo a otro que había llegado de visita al campamento: ‘Mira, aquí hay una soltera”, dirigiéndose a mí. ‘Asúmete con ella’, le ordenaron. Él se me acercó, lo ‘atendí’ y me embarazó”, relató Teresa. Por supuesto, a ella no le preguntaron si deseaba tener un bebé. Solo tuvo que acatar el mandato.
LA LÓGICA DEL TERROR
Ella lo llama “esposo”. Dice que lo conoce sólo como “Mario”. Inteligencia militar ha determinado que se trata de uno de los lugartenientes de Orlando Borda Casafranca, más conocido como camarada “Alipio”. Teresa sabe ahora que por “Mario” las autoridades ofrecen una recompensa de 500 mil soles a cambio de información que facilite su captura.
“En el campamento, varias veces intenté comunicarse con él por una radio de frecuencia baja. Pero, cuando lo hacía, lo escuchaba de mal humor: ‘¿Para qué llamas? ¿Acaso te he mandado llamar?’, me decía”, relató Teresa.
El Ejército estuvo muy cerca de atrapar a “Alipio” y a “Mario” con la operación “Gurka”, que se produjo el 31 de marzo de este año. Pocas semanas antes, había visita el campamento donde se encontraba Teresa. “Menos de dos meses antes ‘Alipio’ y ‘Mario’ llegaron al campamento para una reunión con ‘César’, el jefe del lugar”, declaró.
El campamento en el que se encontraba cautiva Teresa se obligaba a todos a trabajar durante todo el día en cultivos de “pituca” y “fariña” para alimentar a las columnas terroristas. El encargado del lugar era el camarada “César”, más conocido como “El Viejo”, quien también se encargaba de la producción de hoja de coca destinada para el narcotráfico. Su mujer, Nelly, "La Vieja", lo secundaba en sus crueldades con las mujeres y niños.
El camarada "César", más conocido como el malvado "El Viejo".
"No conocíamos otra cosa que ‘pituca’ y ‘fariña’. Nos daban de comer dos veces al día. Una, en la mañana, muy temprano, y luego en la noche. El resto del día trabajábamos solamente tomando agua durante la jornada. Nunca nos daban dinero, ni un sol. ‘¿Para qué quieres plata? ¿Dónde la vas a gastar?’, me decían”, narró Teresa.
“No sabíamos lo que era ni arroz ni fideos. Es cierto, escuchamos hablar de estos alimentos, pero en el campamento nunca los probamos. Si había algo extra era alguna verdura, maíz o yuca. Es que nosotros éramos parte de la ‘masa’, a los que obligaban a trabajar”, añadió.
DESPRECIO POR LOS NIÑOS
“En el campamento también estaban los ‘mandos’. A diferencia de la ‘masa’, ellos comían otra cosa. Comen y de lo mejor. Comen carne, arroz, fideos. Nosotros, si queríamos comer una ‘pepa’ (almendra), lo hacíamos a escondidas. Si nos descubría ‘El Viejo’, nos castigaba. Nos decía: ‘La almendra tiene grasa, si la comes, te va a engrasar el cerebro’. Por eso los niños están todo el tiempo flaquitos. Cuando se enferman, solo usan hierbas. ‘Con eso es suficiente, con eso se curan’, nos indicaba ‘El Viejo’ o su mujer, declaró Teresa.
Otro personaje del horror, la camarada "Nelly", mujer de "El Viejo".
“He visto que ‘El Viejo’ ha enterrado a varios recién nacidos. Pero también a ‘pioneros’, a niños un poco más grandes. Por enfermedad, por hambre… Antes que nos rescataran, una niña había muerto. Era una ‘pionerita’”, confió Teresa, esta vez sin contener el llanto.
Conocida como la camarada “Olga”, es la encargada de la organización de las mujeres y niños de los campamentos senderistas. Teresa llegó a tener tres hijos del camarada “Mario”. No recuerda sus edades. Con los dedos de la mano, Teresa, que no sabe ni leer ni escribir, saca más o menos la cuenta. El mayor tendría nueve años, el segundo seis y el último unos tres años.
“Un día llegó la camarada ‘Olga’ y digo que el primero y el segundo ya tenían edad de ‘pioneritos’ y que era necesario llevarlos a ‘estudiar’. Los mandaron para la selva. Desde entonces no sé nada de ellos. Me quedé con el chiquito”, relató Teresa.
“A cualquier pregunta que hacíamos, respondían, ‘Olga’, ‘El Viejo’ o cualquiera que mandaba: ‘Estamos en guerra’. Nada más”, recordó.
Teresa, en varias oportunidades, dijo a sus compañeras que en lugar de estar sufriendo, debían intentar escapar. Dichas palabras llegaron a oídos de los senderistas, quienes la amenazaron. El Ejército la detuvo junto con “El Viejo” y su mujer. Parece una pareja adorable de ancianos, pero es muy cruel.
“Está bien que haya caído preso ‘El Viejo’. Es la hora que pague porque es el que nos hacía trabajar, no nos daba de comer, nos maltrataba todo el tiempo. Es muy malo”, dijo Teresa.
El número dos del Comando Especial del Vrae, el general de brigada Felipe Aguilar Vizcarra, destacó la importancia del caso de Teresa. “Nos permite conocer las entrañas de una organización terrorista que se sustenta en la esclavitud de mujeres y niños porque se les niega el acceso a la civilización. Los mantienen aislados, marginados, para que no se escapen de la organización”, dijo.
“En este campamento la consigna era que las mujeres se embarazaran lo más rápido posible para tener la mayor cantidad de niños. ¿Para qué? Para luego llevarlos a otros campamentos y adoctrinarlos con ideología narcoterrorista, criándolos desafectos, sanguinarios”, explicó el oficial.
Sin embargo, el caso de Teresa no es el único. Hay otras mujeres a los que se les obliga a embarazarse por los jefes terroristas.
“A las jóvenes y niñas en edad fértil las conminan a actuar como reproductoras. Es decir, las embarazan forzadamente y, una vez que dan a luz a una nueva criatura, pasan otra vez al ‘área de reproducción’, en la que nuevamente son embarazadas. El ciclo termina cuando el útero no da más. Así, cuando ya no les sirven, simplemente, viven en exclusión total”, expresó el general Felipe Aguilar.
Armamento encontrado en el campamento donde estaba cautiva Teresa.
Ahora, para Teresa, la vida es una sorpresa. Ha descubierto, por ejemplo, la alegría.
Al centro, Teresa, junto a su niño de tres años, y
una de las mujeres rescatadas que sufre retardo mental.
Isabel del Pilar López inició la investigación en Lima sobre niños rescatados de los campamentos de Sendero Luminoso en el Vrae. Durante las entrevistas encontró la información relacionada a mujeres secuestradas por los terroristas que luego eran obligadas a embarazarse de los dirigentes para procrear niños que luego serían formados como militantes. La búsqueda del caso la llevó hasta la base del Comando Especial del Vrae, en Pichari, Cusco, hasta donde llegó por su cuenta y riesgo.



























